
El Premio Nobel Daron Acemoglu. Fuente: Alkis Konstantinidis / REUTERS
Autor: Guido Duque Suárez
Resumen
Cuando The Economist publicó una severa crítica contra Daron Acemoglu tachándolo de «inconvincente», no solo cuestionó el rigor cuantitativo de una de las mentes más prolíficas del MIT. En el fondo, la revista expuso una brecha profunda y no resuelta en las ciencias sociales contemporáneas: la delicada frontera entre el rigor académico de torre de marfil y la responsabilidad política del intelectual público.
Históricamente, la economía académica ha exigido distancia. El economista ideal del establishment debilita su relevancia en el debate cotidiano para preservar una supuesta objetividad científica, modelando el comportamiento humano con frialdad matemática. Sin embargo, Acemoglu ha desafiado deliberadamente esta norma. Tras consolidar su reputación analizando el papel de las instituciones históricas en el desarrollo global, dio un paso al frente en la arena mediática para advertir sobre los riesgos distributivos de la inteligencia artificial y la urgencia de proteger a la fuerza laboral.
Ahí reside el corazón del conflicto. Cuando un académico de vanguardia se convierte en activista de políticas públicas, la ortodoxia reacciona. Las críticas de The Economist hacia sus estimaciones históricas o sus proyecciones sobre el impacto limitado de la IA en la productividad no son meras discrepancias técnicas sobre variables y modelos econométricos; son un intento de desarmar la autoridad de una voz que incomoda al libre mercado ilimitado.
1. El detonante: la polémica de agosto de 2026
El 17 de agosto de 2026, The Economist publicó un artículo titulado “The world’s most influential economist is oddly unconvincing” [El economista más influyente del mundo resulta extrañamente poco convincente]. El artículo cuestionó abiertamente si la elevada posición de Daron Acemoglu dentro de la economía académica estaba plenamente justificada por la robustez de su obra (The Economist, 2026a).
La intervención fue inusual porque no se concentró en un artículo aislado. La revista vinculó críticas sobre la evidencia histórica usada en investigaciones de desarrollo, los alcances de la teoría institucional y los pronósticos de Acemoglu sobre inteligencia artificial. En otras palabras, transformó desacuerdos especializados en una valoración general de su influencia intelectual (The Economist, 2026a; Econlib, 2026).
Acemoglu reaccionó públicamente el 18 de agosto. Calificó el texto como un “hit piece”, es decir, como una pieza orientada a desacreditarlo, y señaló que existía un contexto preocupante detrás de la publicación. Además, solicitó una oportunidad para responder a los argumentos planteados (Acemoglu, 2026a). Posteriormente, The Economist difundió una respuesta de Acemoglu en la que defendió la investigación y las ideas centrales asociadas a su trabajo (The Economist, 2026b).
2. La tesis de Acemoglu sobre instituciones y desarrollo
La contribución más conocida de Acemoglu, desarrollada junto con Simon Johnson y James A. Robinson, sostiene que las instituciones son un determinante fundamental de la prosperidad de largo plazo. Por instituciones se entienden las reglas formales e informales que organizan la vida económica y política: la protección de derechos, los límites al poder, la calidad de la justicia, la capacidad estatal, la participación política y la posibilidad de invertir e innovar.
Desde esta perspectiva, las instituciones inclusivas crean condiciones más favorables para el crecimiento porque permiten una participación más amplia en oportunidades económicas y limitan la apropiación arbitraria de recursos por parte de grupos poderosos. Por el contrario, las instituciones extractivas concentran poder y riqueza, restringen oportunidades y pueden desalentar la inversión, la innovación y la movilidad social (Acemoglu & Robinson, 2012).
Una parte influyente de este enfoque relaciona la colonización europea con trayectorias posteriores de desarrollo. Acemoglu, Johnson y Robinson (2001) propusieron que, en territorios donde los colonizadores enfrentaban mayores riesgos de mortalidad, tendían a establecer instituciones enfocadas en la extracción de recursos, mientras que en otros lugares se asentaban en mayor número y creaban instituciones con mayor protección de derechos. La persistencia de esas estructuras ayudaría a explicar diferencias actuales de ingreso entre países.
3. Críticas académicas principales
El debate académico no implica que el enfoque institucional sea irrelevante. La mayoría de las críticas se refiere a la fuerza de la evidencia, la dirección de la causalidad y el riesgo de explicar fenómenos complejos con una variable demasiado amplia.
3.1. Calidad de los datos históricos
Una crítica conocida se refiere a los datos de mortalidad de colonizadores empleados en el estudio de 2001. Albouy (2012) cuestionó la calidad de ciertas fuentes, la clasificación de algunos territorios y decisiones de construcción de la base de datos. La importancia de esta discusión es metodológica: si la variable histórica usada para identificar el efecto causal de las instituciones presenta errores importantes, las estimaciones pueden ser menos confiables.
Acemoglu, Johnson y Robinson respondieron que las correcciones y pruebas de robustez mantenían los resultados centrales de su argumento (Acemoglu et al., 2012). El desacuerdo, por tanto, no se resuelve con una afirmación simple de “verdadero” o “falso”; revela que las inferencias históricas de largo plazo dependen de fuentes incompletas, supuestos estadísticos y decisiones de medición que deben ser examinadas de manera transparente. El debate académico exige la revisión y contrastación, por lo que esto es parte de la discusión y avance de la ciencia.
3.2. El problema de la causalidad
También se cuestiona si las instituciones son la causa inicial de la prosperidad o si la relación funciona en ambas direcciones. Los países con mayores ingresos pueden financiar mejores sistemas judiciales, burocracias más profesionales, educación pública, infraestructura y servicios estatales. Por ello, observar que los países más ricos poseen instituciones de mayor calidad no demuestra automáticamente que las instituciones sean la causa única o principal de su riqueza.
La respuesta más razonable es reconocer una interacción: las instituciones pueden favorecer la inversión y el crecimiento, mientras que el crecimiento puede fortalecer la capacidad estatal y mejorar las instituciones. El desafío consiste en identificar con evidencia sólida qué parte de la relación corresponde a cada dirección causal.
3.3. Historia, colonialismo y desigualdad
Otra crítica sostiene que la explicación institucional puede simplificar experiencias históricas marcadas por la violencia colonial, la esclavitud, el despojo, las jerarquías raciales, los conflictos de clase y la subordinación internacional. Kate Meagher (2024), por ejemplo, advierte que la celebración de ciertas formas de colonialismo de asentamiento como generadoras de instituciones “inclusivas” puede invisibilizar que dichas instituciones fueron inclusivas para los colonizadores, pero excluyentes para pueblos indígenas y otras poblaciones subordinadas.
Esta observación es relevante para América Latina. La existencia formal de constituciones, elecciones o derechos de propiedad no garantiza por sí misma inclusión económica, diversificación productiva ni bienestar general. También importan la concentración de la riqueza, la estructura agraria, la inserción internacional, la dependencia de materias primas, las desigualdades territoriales y la capacidad efectiva del Estado.
4. La dimensión de la inteligencia artificial
La polémica de 2026 incluyó las opiniones de Acemoglu sobre la inteligencia artificial (IA). Su postura general es que la tecnología no produce automáticamente beneficios compartidos. La IA puede aumentar la productividad y complementar el trabajo humano, pero también puede emplearse para sustituir a trabajadores, intensificar la vigilancia laboral, concentrar el poder de mercado o ampliar desigualdades, según los incentivos empresariales, las regulaciones y la distribución de poder económico.
The Economist cuestionó el tono pesimista de estas advertencias. En contraste, algunos comentaristas defendieron que el desacuerdo refleja un problema distributivo: no basta con preguntar si una tecnología eleva la producción total; también es necesario preguntar quién controla esa tecnología y quién recibe sus beneficios (Econlib, 2026; Jacobin, 2026).
5. Evaluación final
La controversia debe entenderse en dos niveles. En el plano científico, es legítimo revisar los datos, las hipótesis y los métodos de Acemoglu. La economía progresa precisamente mediante este tipo de discusión. Sus críticos plantean interrogantes relevantes sobre la medición de las instituciones, la causalidad, la historia colonial y la posibilidad de que el marco institucional deje en segundo plano factores como la estructura productiva, la desigualdad o la economía internacional.
En el plano público, la crítica de The Economist fue más amplia y confrontativa. Al sugerir que el economista más influyente del mundo era “poco convincente”, convirtió objeciones específicas en un cuestionamiento de la autoridad intelectual de Acemoglu. Este respondió que el tratamiento era injusto y que no reflejaba de manera equilibrada los debates académicos ni las defensas disponibles de su trabajo (Acemoglu, 2026a; The Economist, 2026b).
La conclusión equilibrada es que Acemoglu sigue siendo una figura fundamental para el estudio del vínculo entre poder, instituciones y desarrollo. Sin embargo, su teoría no debe tratarse como una explicación completa de por qué prosperan o se estancan las naciones. Un análisis más útil, especialmente para Ecuador y América Latina, combina el enfoque institucional con el estudio de la desigualdad, la historia colonial, la capacidad estatal, la matriz productiva, el empleo, la tecnología y la posición de cada país en la economía mundial. Además, el ser “intelectual” no dista de tener una posición política y que su compromiso con el planteamiento de políticas no puede dejarse de lado por la aparente distancia que debe según el mainstream debe tener el científico social
Referencias
Acemoglu, D. (2026a, 18 de agosto). I am not happy about the Economist’s article, which feels like a hit piece [Publicación en X]. X. https://x.com/DAcemogluMIT/status/2089859506809229425
Acemoglu, D., Johnson, S., & Robinson, J. A. (2001). The colonial origins of comparative development: An empirical investigation. American Economic Review, 91(5), 1369–1401. https://doi.org/10.1257/aer.91.5.1369
Acemoglu, D., Johnson, S., & Robinson, J. A. (2012). The colonial origins of comparative development: An empirical investigation: Reply. American Economic Review, 102(6), 3077–3110. https://doi.org/10.1257/aer.102.6.3077
Acemoglu, D., & Robinson, J. A. (2012). Why nations fail: The origins of power, prosperity, and poverty. Crown Business.
Albouy, D. Y. (2012). The colonial origins of comparative development: An empirical investigation: Comment. American Economic Review, 102(6), 3059–3076. https://doi.org/10.1257/aer.102.6.3059
Econlib. (2026, 18 de septiembre). AI and the Luddites. https://www.econlib.org/ai-and-the-luddites/
Jacobin. (2026, 26 de agosto). For The Economist, mentioning workers’ interests is heresy. https://jacobin.com/2026/08/acemoglu-economics-ai-automation-working-class
