Cómo Estados Unidos utilizó el Mundial como campo de pruebas para las tecnologías policiales
Autor: John Klopotowski[1]. Publicado primero en: https://foreignpolicy.com/2026/07/17/world-cup-us-surveillance-ice-trump-infantino/?tpcc=fp_weekend. Responsable de la traducción: Miguel Ruiz.

El 13 de junio, casi 70 000 aficionados acudieron en masa al estadio del Área de la Bahía de San Francisco para asistir al primero de los seis partidos de la Copa del Mundo de la FIFA que se disputarán en ese recinto. El partido comenzó al mediodía. Sin embargo, los preparativos de seguridad se iniciaron horas antes, cuando se activó la red de cámaras, sensores y escáneres del estadio.
Mucho antes de que los aficionados vieran a Catar y Suiza saltar al campo aquel día, el estadio ya observaba a los aficionados: reconocía rostros en las entradas, detectaba sonidos sospechosos entre el público y enviaba un flujo constante de datos a un centro de control in situ, desde donde se ponían a disposición de una red de cuerpos de seguridad locales, regionales y federales que coordinaban la seguridad del evento.
El estadio del Área de la Bahía de San Francisco (conocido habitualmente como Levi’s Stadium, aunque temporalmente se ha eliminado el nombre de la marca debido a las normas de la FIFA) no es un caso aislado. En todas las ciudades sede del Mundial en Estados Unidos, la seguridad de los estadios está vinculada a un amplio aparato de vigilancia federal supervisado por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS). Este sistema no se desactivará cuando termine el Mundial: los documentos presupuestarios del DHS revelan que el torneo es un campo de pruebas para nuevas tecnologías de vigilancia.
El DHS supervisa eventos como la Super Bowl y el Mundial de Fútbol gracias a un mecanismo federal denominado Special Event Assessment Rating (SEAR), que designa a determinados eventos como prioritarios para la seguridad nacional. Esa clasificación da lugar a una coordinación entre los cuerpos de seguridad federales y locales.
El DHS ha clasificado los partidos del Mundial como eventos SEAR 1 y SEAR 2, lo que significa que requieren las medidas de seguridad más estrictas; la designación SEAR 1 sitúa al evento en el mismo nivel de planificación de seguridad que una toma de posesión presidencial. Estas designaciones no requieren la aprobación de los organizadores del evento, lo que significa que el DHS coordina con las ciudades anfitrionas y los gestores de los estadios, dejando a la FIFA con una supervisión limitada en la planificación de la seguridad de los estadios.
La empresa de hardware Flock Safety contribuyó a garantizar la seguridad de la Super Bowl LX de este año en el Levi’s Stadium. Según un directivo, Flock colaboró con la NFL, las fuerzas del orden locales y el servicio de seguridad del estadio para instalar detectores de audio por todo el recinto, diseñados para alertar a las fuerzas del orden tras identificar sonidos como disparos o gritos generales de «socorro», según el texto de un anuncio de Flock que ya ha sido eliminado. Flock siguió formando parte de la planificación de seguridad de la Copa del Mundo en el Levi’s Stadium y en otros recintos de Estados Unidos, según personas con conocimiento del plan de seguridad y grupos de seguimiento como la organización de código abierto Deflock.
Otro proveedor clave es IDEMIA, la misma empresa que suministra a la Administración de Seguridad en el Transporte de EE. UU. la tecnología de verificación de identidad y biométrica que se utiliza en los controles de seguridad de los aeropuertos. Los titulares de entradas previamente verificadas y el personal acreditado acceden a los estadios a través de los sensores de IDEMIA para el reconocimiento de huellas dactilares o facial.
La tecnología de vigilancia en línea —como cámaras, detectores de audio o escáneres biométricos— del Levi’s Stadium está conectada a través del «sistema nervioso central» del estadio, formado por 400 millas de cable de fibra óptica, que canaliza la información recopilada —como grabaciones de vídeo, alertas de sensores y escaneos de acceso— hacia un centro de datos protegido gestionado por Cisco Systems. Se puede rastrear a los aficionados no solo por su rostro, sino también por su ropa: la plataforma de Flock, implantada en algunas ciudades sede del Mundial, permite al personal de seguridad buscar imágenes utilizando descripciones en lenguaje coloquial, como «hombre con camisa azul y sombrero de vaquero».
En el exterior del Levi’s Stadium, unas cámaras con objetivos de zoom de 20x vigilan las calles de los alrededores en todo momento. «No queremos necesariamente limitarnos a grabar un vídeo nítido del ataque, sino que, cuando ocurra algo grave, también queremos poder localizar a esa persona lo antes posible», afirmó Mike Sena, director ejecutivo del Centro Regional de Inteligencia del Norte de California (NCRIC), una institución financiada con fondos federales que coordina el intercambio de información entre los organismos locales, estatales y federales de toda la zona de la Bahía de San Francisco.
Según Sena, el NCRIC coordina la seguridad en el Levi’s Stadium junto con el Departamento de Policía de Santa Clara y otros cuerpos de seguridad estatales y federales. El NCRIC utiliza Clearview AI, una plataforma de reconocimiento facial creada a partir de 30 000 millones de imágenes recopiladas de Internet sin consentimiento expreso, según declaró un ejecutivo de Clearview a Foreign Policy en una entrevista. El ejecutivo, que habló bajo condición de anonimato para abordar asuntos delicados, afirmó que la base de datos de la empresa está destinada a utilizarse únicamente cuando las autoridades hayan identificado a una persona como una amenaza. Las organizaciones de defensa de las libertades civiles rebaten esta afirmación; BuzzFeed News informó en 2021 de que las fuerzas del orden habían utilizado la plataforma para identificar a manifestantes del movimiento Black Lives Matter.
La Unión Europea y Canadá han prohibido de hecho el uso de Clearview. Sin embargo, a diferencia de muchas jurisdicciones de California, el condado de Santa Clara no prohíbe a sus fuerzas del orden utilizar tecnología de reconocimiento facial. En una declaración a Foreign Policy, el Departamento de Policía de Santa Clara afirmó que cualquier uso de tecnología de vigilancia se rige por «la legislación vigente».
Según la definición del DHS, un estadio al que el público tiene «acceso sin restricciones» se considera un lugar público, lo que significa que la red de vigilancia que opera en su interior no requiere orden judicial, independientemente de si los aficionados comprenden la letra pequeña al comprar una entrada.
«“Si quieres entrar en este ámbito, aquí tienes un montón de texto incomprensible para cualquier persona sensata”. Y entonces marcas una casilla o haces lo que sea, y ellos dicen: “¡Ajá! Has dado tu consentimiento”», afirmó Adam Schwartz, director de litigios sobre privacidad de la Electronic Frontier Foundation.
La justificación presupuestaria presentada ante el Congreso por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE) para el año fiscal 2026 establece de forma explícita la relación entre el Mundial y las fuerzas del orden federales. En ella se incluyen el Mundial y la celebración America 250 conjuntamente como una partida presupuestaria de 25 millones de dólares dentro de su división de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI). Ese presupuesto permite que los agentes de la HSI actúen sobre el terreno, equipados con lectores de matrículas, plataformas de reconocimiento facial y datos de localización, obtenidos de fuentes comerciales o mediante procedimientos legales.
Esas son las mismas tecnologías que Flock y sus socios suministran a las fuerzas del orden de todo el país. En febrero, el entonces director en funciones del ICE, Todd Lyons, afirmó que la agencia desempeñaría un «papel clave» en las operaciones de seguridad del Mundial. La dirección de la FIFA tiene motivos para estar preocupada por la presencia de agentes del ICE en el torneo: desde principios de este año, los agentes federales de inmigración han disparado y matado a cuatro personas, y 22 individuos han fallecido bajo la custodia del ICE.
La Copa Mundial de Clubes de la FIFA del año pasado, disputada en distintos lugares de Estados Unidos, ofreció un anticipo de cómo podría ser la presencia de ICE en el torneo. Durante la final de la Copa Mundial de Clubes en el New York-New Jersey Stadium (conocido habitualmente como MetLife Stadium) —el mismo recinto que acogerá la final el domingo 19 de julio—, un padre fue detenido en el aparcamiento después de que su pequeño dron, que estaba utilizando para hacer una foto a su familia, fallara. La policía local lo entregó a el ICE, donde permaneció detenido durante tres meses y fue deportado, a pesar de que alegó que su vida corría peligro en su país de origen.
Al hombre nunca se le imputó ningún delito. Según contó a Human Rights Watch, su último recuerdo de aquel día fue «ver llorar a mis hijos porque me habían detenido».
Sin embargo, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, no mostró ningún signo de preocupación por la presión que el aparato de seguridad estadounidense ejercía sobre los aficionados mientras se mostraba cercano al presidente de EE. UU., Donald Trump. Sin embargo, las discusiones internas en la FIFA de las que informó The Athletic revelan que la dirección de la organización estaba preocupada por las fuerzas de seguridad estadounidenses bajo la administración Trump y presionó a Infantino para que pidiera a Trump una moratoria en las redadas del ICE durante el verano.
Aunque las medidas de control han sido discretas dentro de los recintos de los estadios, el ICE ha estado muy activo en las ciudades sede durante el torneo. En Kansas City, el ICE detuvo al menos a 30 residentes durante el periodo en que la ciudad acogió partidos, según grupos de defensa locales, que afirman que esta tendencia se repite en muchas ciudades sede de Estados Unidos. Las detenciones del ICE se han disparado en todo el país en los últimos meses, siguiendo instrucciones de la Casa Blanca.
La Copa del Mundo llega en un momento en el que el DHS está desarrollando tecnología más avanzada para su uso sobre el terreno. El pasado mes de septiembre, el DHS adjudicó un contrato de 4,6 millones de dólares a BI2 Technologies, una empresa de Massachusetts cuyo producto estrella, el Sistema Móvil de Reconocimiento e Información de Delincuentes, fue diseñado para identificar a personas a partir de una base de datos de fichas policiales. En mayo, el DHS amplió su contrato con BI2 hasta los 25 millones de dólares.
El contrato, vigente durante todo el Mundial, pone esta tecnología a disposición de los agentes de HSI que operan en las sedes del torneo y sus alrededores, lo que les permite acceder a equipos de reconocimiento del iris y a una base de datos nacional con 5,1 millones de fichas policiales procedentes de centros penitenciarios de todo el país. Según el contrato, su objetivo declarado es permitir a los agentes de ICE «autenticar rápidamente la identidad de las personas durante las operaciones sobre el terreno». (BI2 no respondió a las múltiples solicitudes de Foreign Policy para que comentara su uso sobre el terreno o durante el Mundial.)
El DHS no respondió a las numerosas consultas sobre el dispositivo de vigilancia de la Copa del Mundo, entre ellas si la tecnología instalada en los estadios se retiraría tras la final. Sin embargo, en abril, el DHS publicó la justificación presupuestaria de su partida de Ciencia y Tecnología para el ejercicio fiscal 2027. El documento establece explícitamente que el departamento tiene previsto utilizar el Mundial para «realizar una evaluación final del rendimiento de una cámara de 360 grados y de una capacidad de análisis de vídeo» en un «evento público a gran escala». En ese mismo presupuesto se menciona a los Juegos Olímpicos de 2028 en Los Ángeles como la próxima prueba piloto.
La historia sugiere que las infraestructuras de vigilancia creadas para un fin concreto rara vez se limitan únicamente a ese fin. La policía de Miami, por ejemplo, reconoce que utiliza Clearview AI para investigar delitos que van desde el asesinato hasta el hurto en tiendas —este último muy alejado de las investigaciones de delitos violentos para las que se comercializó la tecnología—. Consciente de esta realidad, la alcaldesa de Seattle, Katie Wilson, desactivó las cámaras de vigilancia de los estadios de la ciudad tras la celebración de su último partido de la Copa del Mundo a principios de este mes, alegando preocupaciones sobre la extralimitación federal y los derechos civiles.
«El sistema se pone en marcha para localizar a asesinos en serie», afirmó Schwartz. «Y, antes de que te des cuenta, el sistema está localizando a personas que no han pagado una multa de aparcamiento, a inmigrantes, a mujeres que quieren abortar y a manifestantes».
El domingo, en el estadio de Nueva York-Nueva Jersey, sonará el pitido final y Argentina o España se proclamarán campeonas del Mundial. Millones de personas se alegrarán, y otros tantos se sentirán decepcionados con la selección de su país. Unos 82 000 aficionados saldrán del estadio y se dirigirán a sus coches, a un autobús o a la estación de tren.
Semanas más tarde, cuando todos los aficionados hayan regresado a sus hogares, las cámaras seguirán encendidas en el MetLife Stadium, el Levi’s Stadium y el resto de sedes del torneo en Estados Unidos, enviando información a los centros de datos y a todo el país. El Mundial habrá terminado y el DHS tendrá su trofeo: gran cantidad de datos recopilados y una infraestructura de vigilancia puesta a prueba, todo listo para el próximo evento.
[1] Periodista y traductor especializado en libertades civiles, derechos de las minorías y asuntos internacionales.
