Alan Greenspan: El Maestro y la Falla de un Paradigma — Una Lectura Heterodoxa

Por Guido Duque y Robertho Rosero

I. Introducción: El Hombre que Movía los Mercados

Alan Greenspan (Nueva York, 1926 – Washington, 2026) presidió la Reserva Federal de los Estados Unidos durante casi dos décadas, entre agosto de 1987 y enero de 2006, sirviendo bajo cuatro presidentes: Ronald Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush. Durante ese período, se convirtió en una figura cuasi-mítica del capitalismo financiero global: sus discursos eran analizados palabra por palabra por inversores, gobiernos y bancos centrales de todo el planeta, pues cualquier señal sobre las tasas de interés podía alterar el rumbo de los mercados. La prensa financiera llegó a llamarlo «el hombre más poderoso del mundo», y el periodista Bob Woodward le dedicó una hagiografía bajo el título de El Maestro. Su fallecimiento en junio de 2026, a los 100 años, a causa del Parkinson, ha reabierto el debate sobre uno de los legados más ambivalentes de la economía contemporánea.[1][2][^3]

Sin embargo, desde una perspectiva heterodoxa —que incluye las corrientes poskeynesiana, institucionalista y de la economía política crítica— Greenspan no es simplemente un gran banquero central: es el emblema más acabado de las contradicciones del pensamiento económico dominante en la segunda mitad del siglo XX, y su testimonio ante el Congreso de los Estados Unidos en octubre de 2008, cuando reconoció haber encontrado un «flaw» (defecto) en su modelo del mundo, constituye uno de los más elocuentes mea culpa de la historia del pensamiento económico moderno.[4][5]

II. La Formación Intelectual: De Ayn Rand al Banco Central

Para entender la trayectoria de Greenspan, es indispensable comenzar por sus fuentes intelectuales. En la década de 1950, el joven economista neoyorquino se incorporó al círculo de la escritora y filósofa Ayn Rand, referente del objetivismo filosófico y defensora a ultranza del capitalismo laissez-faire. En aquellos años incluso contribuyó con ensayos al volumen Capitalismo: El Ideal Desconocido, donde defendió el patrón oro y criticó abiertamente la existencia de la propia Reserva Federal, institución que más tarde presidiría por 19 años.[6][3]

Esta paradoja fundacional no es menor: Greenspan llegó a la cúpula de la política monetaria de los Estados Unidos siendo, en su fuero intelectual más profundo, un escéptico de la banca central y un defensor del orden espontáneo del mercado. Su pensamiento combinaba el libertarismo randiano con una forma de monetarismo pragmático: confiaba en que los agentes financieros, guiados por el interés propio, protegerían el capital de sus accionistas y, por tanto, el sistema financiero se autoequilibraría sin necesidad de regulación externa. Esta premisa —la autorregulación de los mercados financieros— sería el núcleo de lo que él mismo denominó su «ideología» y que la crisis de 2008 demostraría como radicalmente insuficiente.[7][4]

III. La Era del Maestro: Poder, Política y Desregulación

La presidencia de Greenspan en la Fed abarcó uno de los períodos de expansión económica más prolongados de la historia de los Estados Unidos, que se extendió de 1991 a 2001. La economía creció sostenidamente, la inflación se mantuvo bajo control y el desempleo descendió a niveles históricamente bajos. Este ciclo exitoso alimentó su aura de infalibilidad y reforzó institucionalmente las ideas de libre mercado que él encarnaba.[^8]

Sus políticas más influyentes pueden sintetizarse en tres ejes:

  • Tasas de interés artificialmente bajas: Greenspan mantuvo tipos de interés reducidos durante los años posteriores al estallido de la burbuja tecnológica del año 2000 y los ataques del 11 de septiembre de 2001, abaratando el crédito y estimulando el consumo y la especulación inmobiliaria.[^3]
  • Derogación de la Ley Glass-Steagall: Greenspan ejerció una presión decisiva sobre el Congreso y el gobierno Clinton para derogar esta norma, que desde 1933 impedía que la banca comercial se dedicara a grandes inversiones especulativas. Su eliminación en 1999, con el Nobel de Economía Paul Krugman calificándolo de uno de sus «errores más grandes», abrió las puertas a la explosión del sector financiero estadounidense.[^2]
  • Oposición a la regulación de derivados: En 1999, Greenspan se alió con el secretario del Tesoro Larry Summers para bloquear las propuestas de Brooksley Born, presidenta de la Commodity Futures Trading Commission (CFTC), quien intentaba establecer controles sobre los instrumentos financieros derivados que, años más tarde, esparcirían la infección hipotecaria por el sistema bancario global.[^2]

Estos tres pilares constituyeron la arquitectura regulatoria —o más precisamente, la arquitectura de la desregulación— que permitió la acumulación de una fragilidad financiera sistémica sin precedentes en tiempos de paz.

IV. La Crítica Heterodoxa: Lo que Greenspan No Podía Ver

El economista heterodoxo más relevante para comprender la crisis de 2008 y la responsabilidad de Greenspan es, sin duda, Hyman Minsky (1919-1996). Minsky desarrolló la Hipótesis de la Inestabilidad Financiera (HIF), que postula que el capitalismo es inherentemente inestable: los períodos de estabilidad y prosperidad no consolidan el equilibrio, sino que lo erosionan, porque incentivan a los agentes económicos a asumir posiciones financieras cada vez más frágiles.[9][10]

Minsky identificó tres tipos de prestatarios que caracterizan la evolución del ciclo financiero:

  1. Unidades de cobertura (hedge borrowers): pueden pagar capital e intereses con sus flujos de caja corrientes; son la base de un sistema financiero robusto.[^11]
  2. Unidades especulativas (speculative borrowers): solo pueden pagar los intereses; el principal debe refinanciarse; dependen de que los activos sigan apreciándose.[^11]
  3. Unidades Ponzi (Ponzi borrowers): no pueden pagar ni capital ni intereses; dependen enteramente de que el valor del activo siga subiendo para refinanciarse.[^11]

La conclusión de Minsky es demoledora para el marco conceptual de Greenspan: cuanto más larga es la prosperidad, más el sistema financiero migra desde las unidades de cobertura hacia las especulativas y Ponzi. La estabilidad genera inestabilidad. Y cuando el precio de los activos deja de subir —cuando la burbuja se detiene—, el colapso es inevitable y sistémico.[^9]

Desde esta perspectiva, la doctrina de la autorregulación que Greenspan aplicó durante dos décadas no era simplemente ingenua: era activamente peligrosa. Al mantener tasas de interés bajas durante períodos prolongados y eliminar las restricciones regulatorias, Greenspan no solo permitió sino que aceleró el proceso de fragilización financiera que Minsky había descrito con precisión analítica décadas antes. El llamado «Greenspan put» —la percepción, ampliamente extendida en los mercados, de que la Fed siempre intervendría para rescatar al sistema ante cualquier caída— fomentó la especulación, debilitó la percepción del riesgo y generó un daño moral (moral hazard) creciente.[^12]

Desde la perspectiva institucionalista y poskeynesiana más amplia, el problema de Greenspan no era meramente técnico —un error de calibración en los modelos— sino epistemológico y político. La teoría convencional que él encarnaba descansa en la hipótesis de los mercados eficientes y en el supuesto de las expectativas racionales: los agentes conocen bien el riesgo, los precios incorporan toda la información disponible y los mercados se autoequilibran. Pero la crisis de las hipotecas subprime demostró que los modelos de gestión de riesgo utilizados por la industria financiera habían sido calibrados con datos de solo dos décadas de prosperidad, sin incluir períodos de estrés histórico. Se trataba, en términos de Minsky, de un sistema que se había olvidado de que las crisis existen.[^7]

V. El Testimonio del 23 de Octubre de 2008: La Confesión del Maestro

El 23 de octubre de 2008, en plena vorágine de la Gran Recesión, un Alan Greenspan envejecido y visiblemente conmovido compareció ante el Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental del Congreso de los Estados Unidos. La escena fue descrita por El País como la aparición de «un anciano demacrado y gris que no era ni la sombra de aquel gigante al que adoraban» los grandes nombres de la economía mundial.[13][7]

El intercambio con el congresista demócrata Henry Waxman fue histórico:

Waxman: «¿Descubrió usted que su visión del mundo, su ideología, no era correcta, no funcionaba?»

Greenspan: «Absolutamente. Esa es precisamente la razón por la que estaba en estado de shock. Porque durante más de 40 años trabajé con considerables evidencias de que funcionaba excepcionalmente bien.»[5][4]

Greenspan describió la crisis como un «tsunami crediticio de una vez cada siglo» y reconoció que quienes, como él, habían confiado en el interés propio de las instituciones financieras para proteger el capital de sus accionistas, se hallaban en un «estado de incredulidad conmocionada». Identificó como causa central del colapso el fracaso en la valoración adecuada del riesgo en los activos securitizados, particularmente las hipotecas subprime empaquetadas como títulos y vendidas globalmente bajo calificaciones crediticias erróneas.[5][7]

Sin embargo, una lectura crítica de su testimonio revela que el reconocimiento de Greenspan fue parcial y estratégicamente limitado. Admitió haber encontrado un defecto en su modelo, pero atribuyó la causa fundamental a las fallas de las agencias de calificación y a la demanda irracional de los inversores globales, eludiendo en gran medida la responsabilidad directa de su política monetaria y su postura antirregulatoria. En una comparecencia posterior, en 2010, reconoció haber cometido errores el 30% de las veces, pero insistió en que la burbuja inmobiliaria no fue culpa de su política de tasas bajas, sino de los tipos a largo plazo determinados por el mercado y de las «tácticas de Wall Street».[^14]

VI. El Peso de lo que No se Quiso Ver: Una Evaluación Heterodoxa del Legado

Desde una perspectiva heterodoxa, la trayectoria de Greenspan ilustra tres paradojas fundamentales del pensamiento económico dominante:

Primera paradoja: El regulador antiregulación. Un hombre que llegó al poder creyendo que los mercados financieros no necesitan supervisión externa utilizó ese mismo poder para desmantelar los mecanismos de supervisión que existían. La Ley Glass-Steagall, el marco regulatorio sobre derivados, los estándares de crédito hipotecario: todo fue liberalizado bajo su influencia. Lo que la economía heterodoxa señala es que esta no fue una decisión técnica neutral, sino una opción ideológica y política con consecuencias distributivas devastadoras para millones de hogares.[15][2]

Segunda paradoja: La estabilidad como fuente de inestabilidad. La «Gran Moderación» —ese período de baja volatilidad macroeconómica que coincidió con su mandato y que los economistas convencionales celebraron como evidencia de la superioridad de sus políticas— fue, desde la óptica minskyana, el caldo de cultivo de la mayor fragilidad financiera de la historia reciente. Los largos períodos sin crisis no indican que el sistema sea robusto; indican que la acumulación de riesgo es invisible hasta que es demasiado tarde.[16][12]

Tercera paradoja: La falacia de la autorregulación. El axioma central de la visión de Greenspan —que las instituciones financieras, guiadas por el interés propio, protegerían el capital de sus accionistas y, por ende, al sistema en su conjunto— ignoró los problemas de agencia internos a las propias firmas financieras. Los gestores de riesgo en los bancos de inversión tenían incentivos a maximizar ganancias en el corto plazo, y el tamaño sistémico de las instituciones generaba un too big to fail que socializaba las pérdidas mientras privatizaba las ganancias. La regulación no es una interferencia en el mercado: es la condición de posibilidad de su funcionamiento.[^15]

VII. Conclusión: El Defecto No Era Solo del Modelo

La pregunta que la economía heterodoxa le formula a Greenspan —y, más ampliamente, al paradigma que encarnó— no es si encontró un defecto en su modelo. Es por qué ese defecto era predecible, estaba predicho y fue ignorado. Hyman Minsky, Michal Kalecki, Wynne Godley y otros economistas heterodoxos habían advertido, con décadas de antelación, que la financiarización de la economía, la desregulación bancaria y la fe ciega en la autorregulación del mercado conducirían precisamente a la clase de colapso que ocurrió en 2008.[17][9]

Alan Greenspan fue un economista brillante y un funcionario decisivo. La economía estadounidense creció ininterrumpidamente bajo su mandato durante períodos prolongados. Pero su grandeza como gestor de la política monetaria coexistió con una ceguera analítica e ideológica que lo incapacitó para ver lo que las tradiciones heterodoxas veían con claridad: que el capitalismo financiero no se autoregula, que la estabilidad es transitoria y endógenamente frágil, y que los mercados necesitan instituciones y reglas para no destruirse a sí mismos.

Su confesión de 2008 fue honesta en tanto reconocimiento personal. Pero también subrayó el límite político de esa honestidad: ni Greenspan ni el sistema del cual fue parte reconocieron que el problema no era un «defecto técnico» en un modelo de gestión de riesgo, sino la adopción sistemática de una visión del mundo que suponía que las contradicciones del capitalismo podían ser administradas con tasas de interés y que el poder financiero se autorregulaba en beneficio colectivo. La hegemonía de esa visión, como señala El País en su obituario de junio de 2026, sobrevivió al propio Greenspan: «Greenspan ha fallecido, pero la ideología que siempre defendió sigue viva y coleando».[^13]

La crisis de 2008 no fue un accidente ni una anomalía: fue el resultado previsible de políticas basadas en una teoría incompleta del dinero, del crédito y del poder. Esa es la lección que el heterodoxo extrae del legado del Maestro.

References

  1. Muere a los 100 años Alan Greenspan, el hombre que … – BBC – Afirmó que había creído que se podía confiar en que el sector financiero se «autorregularía», ya que…
  2. Muere a los 100 años Alan Greenspan, el ‘Maestro … – El expresidente de la Reserva Federal defendió la desregulación financiera y las rebajas de impuesto…
  3. Alan Greenspan murió a los 100 años: quién fue el histórico jefe de … – … Ayn Rand, referente del objetivismo y defensora del libre mercado. Esa influencia contribuyó a m…
  4. Greenspan Admits Free Market Ideology Flawed – NPR – He also admitted his free market ideology may be flawed. This exchange with committee chairman, Demo…
  5. Alan Greenspan finds a flaw in his thinking — china.org.cn
  6. El Maestro contra el Mercado – Objetivismo.org – Greenspan, aunque estuvo un tiempo atrás asociado con la filósofa de laissez-faire Ayn Rand, de hech…
  7. Testimony of Alan Greenspan at Hearing on the Role of Federal Regulators in the Financial Crisis
  8. El legado económico de Alan Greenspan y su impacto en México – Ayer falleció Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal y figura clave de la economía moder…
  9. Hyman Minsky – Wikipedia, la enciclopedia libre
  10. Hyman Minsky, el hombre que explicó el secreto de las crisis financieras – BBC News Mundo – Las ideas de este economista estadounidense fallecido en 1996, ofrecen una de las explicaciones más …
  11. Hyman Minsky – Wikipedia
  12. uma análise da crise financeira sob a ótica de Hyman Minsky
  13. El pésimo legado del ‘Maestro’ Greenspan – El estallido de la Gran Recesión tras la quiebra de Lehman Brothers ensombreció el legado del expres…
  14. Greenspan rechaza que su política favoreciera el estallido de la crisis – El ex presidente de la Reserva Federal de EE UU admite que cometió errores
  15. The Global Financial Crisis and Its Implications for Heterodox
  16. La hipótesis de la inestabilidad financiera y la crisis de 2007-2009
  17. LECCIONES DEL HUNDIMIENTO DE LAS SUBPRIME

The economy, stupid

No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados (Adam Smith)

Autor: Guido Duque

En la campaña presidencial de Bill Clinton (ex presidente de EE. UU.) en la que derrotó al presidente en funciones George Bush (padre), una frase icónica marcó la campaña: “es la economía, estúpido” (the economy, stupid), con la cual se denotaba que el problema fundamental que debía recibir atención era la economía.

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