Jonathan Báez
En medio de estos posibles procesos, la apuesta por el Gobierno a través del Ministerio de Trabajo es aumentar el salario pero generando un subsidio para las empresas. Algunas voces cercanas al ajuste inmediato insisten en que no se debería subsidiar porque existe un problema de déficit fiscal y, por tanto, es mejor no aumentar el salario. Al contrario de esta propuesta, el salario mínimo debería subir pero sin el subsidio. Considerando que ha existido una serie de concesiones al empresariado en temática fiscal, en especial a las élites, este debe asumir estos montos declinando su tasa de ganancia y el Estado no debería –ni está en la posibilidad por su renuncia voluntaria en una suerte de crisis autoinflingida- subvencionar esta tasa de ganancia. Lo cual demuestra que está bien subvencionar a las empresas pero no a la población como se observó en la última proforma Presupuestaria y en la eliminación de subsidios ya realizados a la gasolina súper. Es decir, el salario no implica una relación con una espiral inflacionaria –o deflacionaria-, sino un conflicto entre las ganancias de las élites y la población. Por tanto, como demuestra la evidencia, aumentar el salario mínimo no causa los efectos que dicen generar.
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