
Ill. Niklas Elmehed © Nobel Prize Outreach
Autor: Guido Duque
En algunas ocasiones los premios en honor a Alfred Nobel en Economía nos han sorprendido gratamente, alejándose del Mainstream o de los aportes en la construcción de herramientas econométricas. Tenemos el caso de Amartya Sen, Elionor Ostrom, Joshep Stiglitz, Claudia Goldin, Daron Acemoglu, entre otros que han planteado diversos enfoques de teoría económica o nuevos instrumentos para entender parcelas de la realidad objetiva que no han sido analizados o descuidados por el paradigma vigente.
El Premio Nobel de Economía otorgado a Joel Mokyr en reconocimiento a su trabajo en historia económica no solo celebra su contribución académica, sino que también subraya la importancia fundamental de la historia del pensamiento económico para la teoría y la práctica económica contemporánea.
Mokyr, al enfocarse en la evolución del conocimiento tecnológico y su impacto en el desarrollo económico, ha demostrado cómo la comprensión del pasado es esencial para entender el presente y proyectar el futuro. En específico el comité del premio lo reconoce por: “Descripción de los mecanismos que permiten que los avances científicos y las aplicaciones prácticas se potencien mutuamente y creen un proceso auto-generativo, conduciendo a un crecimiento económico sostenido. Dado que este es un proceso que desafía los intereses predominantes, también demuestra la importancia de una sociedad abierta a nuevas ideas y que permita el cambio.”
El crecimiento económico sostenido, según los estudios de Joel Mokyr, se basa en un flujo continuo de conocimiento útil, compuesto por dos tipos: el conocimiento proposicional, que explica sistemáticamente por qué algo funciona, y el conocimiento prescriptivo, que detalla cómo hacer que funcione mediante instrucciones prácticas. Antes de la Revolución Industrial, la innovación tecnológica dependía principalmente del conocimiento prescriptivo, ya que se sabía cómo hacer algo sin comprender por qué funcionaba. Esto dificultaba construir sobre conocimientos previos, llevando a intentos fallidos o infructuosos de innovación. Así el crecimiento sostenido necesita que la ciencia genere conocimientos proposicionales, para crear nuevas innovaciones y con un entorno abierto al cambio (instituciones) se plasmen en innovación.
Este enfoque, es interesante, aunque incompleto ya que factores políticos, sociales, dotación de recursos e incluso ambientales fueron dejados de lado al momento de analizar el proceso de la revolución industrial inglesa versus sus posibles competidores incluyendo a China. Sin embargo, se debe destacar que la producción e implementación de este conocimiento proposicional requiere que se desarrollen conocimientos científicos y luego se pongan en práctica, así está implícito que es necesario la Investigación Básica y el Desarrollo (aplicación en bienes o servicios en base de la investigación Básica) y la Innovación (I+D+i), en las cuales la formación y el fondeo requieren una infraestructura pública (inversión en Universidades, Centros de Investigación, formación de Técnicos, etc.)
La discusión anterior sobre el crecimiento no habría sido posible sin la historia del pensamiento económico, que no es un mero complemento pedagógico, sino un componente esencial para el trabajo analítico del economista, ya que permite entender los fundamentos conceptuales, los límites y los supuestos de cada enfoque teórico. Ya que, a menudo, los expertos en economía contemporánea trabajan exclusivamente en lo que se denomina «la frontera teórica», ignorando la evolución histórica de los conceptos y teorías que utilizan. Siguiendo a Roncaglia (2006), esta aproximación, característica del enfoque dominante en la investigación económica anglosajona, asume que el progreso en la economía es acumulativo y lineal, es decir, que las teorías más recientes superan y reemplazan de forma definitiva a las anteriores. Desde esta perspectiva, las contribuciones históricas son tratadas como meras curiosidades pedagógicas y no como fuentes de entendimiento profundo.
Sin embargo, esta «visión acumulativa» ha sido meticulosamente criticada. Pensadores como Karl Popper, Thomas Kuhn, Imre Lakatos y Paul Feyerabend han demostrado que no existen criterios objetivos y universales que permitan decidir de manera definitiva entre teorías. Los distintos paradigmas pueden coexistir sin que los datos por sí solos nos permitan elegir entre ellos. Esto da lugar a una “visión competitiva”, donde las corrientes de pensamiento no se eliminan necesariamente unas a otras, sino que sobreviven y se enfrentan en su forma de concebir la realidad económica. Es aquí donde la historia del pensamiento se vuelve indispensable: rastrear las raíces, los desarrollos y las limitaciones de estas diversas tradiciones facilita no solo el análisis, sino también una compresión más rica de la pluralidad de enfoques. Siendo necesario tener una visión integral la formación de economistas en materias y contenidos como los de la Economía Política Marxista, el Poskeinesianismo, la Economía Ecológica, la Sociología Económica, entre otros para no caer en el reduccionismo de decir “La economía es una técnica”.
El papel formativo y democrático de la historia del pensamiento económico también es fundamental. La economía política, entendida como una ciencia social histórica, estudia el mecanismo de supervivencia y desarrollo de sociedades con división del trabajo. En este sentido, la historia del pensamiento económico sirve para equilibrar el rigor lógico con la relevancia social e histórica. Además, tiene una función educativa “democrática”, ya que enseña la coexistencia de enfoques, fomenta el debate entre visiones del mundo diferentes y promueve la comprensión de la complejidad de las cosmovisiones económicas y sus vínculos con otras áreas del saber.
En conclusión, el reconocimiento a Joel Mokyr mediante el Premio Nobel de Economía refuerza la relevancia de la historia del pensamiento económico como herramienta esencial para la teoría económica contemporánea. Estudiar esta historia no solo enriquece el trabajo analítico de los economistas, sino que también fomenta una comprensión más profunda y crítica de los paradigmas teóricos, favoreciendo un diálogo entre enfoques y una economía más rigurosa y socialmente relevante. En un mundo donde la complejidad económica exige soluciones innovadoras, mirar al pasado no es un ejercicio de nostalgia, sino una necesidad intelectual y práctica.
Fuentes:
Alessandro RONCAGLIA (2006). La riqueza de las ideas. Una historia del pensamiento económico. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2006, 778 pp.
Popular information. NobelPrize.org. Nobel Prize Outreach 2026. Thu. 22 Jan 2026. <https://www.nobelprize.org/prizes/economic-sciences/2025/popular-information/>
