
Autor: Wilson Flores-Herrera
Escribir acerca de Muhammad Yunus (Chittagong, 1940), en una coyuntura como la que vive el mundo, reviste alta importancia no solo por los hechos políticos sucedidos en su país de origen, Bangladesh, que serán analizados en esta nota, sino porque hay experiencias en el mundo de la economía, me refiero en su teoría y praxis, que pasan casi desapercibidas por la casi nula y sensacionalista difusión que de estas noticias hacen las grandes corporaciones mediáticas.
A manera de antecedente, Bangladesh es un país asiático que viene de una larga historia colonial atada, en primer lugar, a la India, luego a Inglaterra y finalmente a Pakistán, país del que se libera en 1971, es considerado uno de los más densamente poblados del planeta, con casi 1000 habitantes por kilómetro cuadrado. En una superficie de 148,460 kilómetros cuadrados viven 171,2 millones de personas que lo coloca en el octavo lugar de los países más ocupados. Su economía está cimentada en la actividad agrícola, produce principalmente arroz y yute que se combina con una mediana actividad pesquera que se obtiene del mar y de los grandes ríos que surcan su territorio; la industria de textiles (maquilas), agroalimentos, acero y fertilizantes está poco desarrollada; y, los principales indicadores socioeconómicos muestran una situación bastante precaria de la población, por ejemplo, la tasa de desocupación en jóvenes (15-29 años) en 2022 bordeaba el 15%, y, el trabajo infantil -que en realidad es esclavitud- afecta a casi 4 millones de niños y niñas entre 9 y 15 años[1]. A todo esto, se suma una permanente inestabilidad política que tienen su origen en los procesos eleccionario de 1996 y 2009, con el protagonismo de la primera ministra Sheikh Hasina, autócrata que acaba de ser defenestrada en agosto de este año.
Este contexto es propicio para introducir la figura del economista y líder social Muhammad Yunus, quien se convierte en el nuevo jefe de gobierno interino de Bangladesh, a partir de los acontecimientos de agosto pasado. Su recorrido empieza en 1976, cuando vinculado al departamento de Economía de la Universidad de Chittagong desarrolla el concepto de microcrédito y la potencialidad que este tiene, como modelo de negocio viable, para apoyar múltiples emprendimientos en las capas más pobres de la población que dependían muy fuertemente de la usura y estaban afectadas por la negativa de la banca tradicional a otorgar préstamos por considerarlos de alto riesgo. Este esfuerzo inicial es el que sienta las bases para impulsar el proyecto de una banca popular que se origina con el Banco Janata, que es la única institución financiera que otorga un préstamo personal a Yunus, para que él concilie un atípico proceso crediticio con los pobres (en especial mujeres) de la localidad de Jobra. El efecto multiplicador de estas operaciones fue tal que en 1982 contaban con más de 28000 miembros activos, que pasaron a formar parte, en 1983, de los fundadores del Banco Grameen o Banco de los Pobres, en medio de la oposición y el rechazo de sectores radicales de la derecha política y del clero musulmán conservador.
En 2006, el gobierno de Suecia otorga a Yunus el Premio Nobel de la Paz, además de otros reconocimientos que se le han hecho a nivel mundial. Para julio de 2007, el Banco Grameen había otorgado 6,38 billones de dólares a 7,4 millones de personas[2]. Para garantizar el pago de las deudas la entidad bancaria ha utilizado el sistema de «grupos solidarios», que son pequeños grupos asociativos que asumen la deuda, avalándose entre sí, asegurando pagos puntuales, y, el apoyo que se requiere para lograr un avance económico en colectivo (Yunus, 2006). La iniciativa de Yunus se había convertido así en pionera de las finanzas solidarias y de la banca popular ética, cuyo objetivo se centra en una estrategia concentrada para contrarrestar la pobreza. En la actualidad, Grameen constituye un modelo exitoso de economía social en la ruralidad, con más de 2,3 millones de prestatarios de los que el 94% son mujeres[3], demostrando que la opción correcta es una verdadera inclusión financiera antes que una exigua bancarización.
[1] https://www.educo.org/blog/ninos-esclavos-en-bangladesh-una-realidad-en-2022
[2] «GB at a glance«, Muhammad Yunus, Grameen Info; Retrieved: 9 September 2007
[3] https://www.edumargen.org/docs/curso57-5/unid02/apunte04_02.pdf
Retomando las particularidades de la inestabilidad política de Bangladesh, desde julio de este año se multiplican, en Dacca, la capital, manifestaciones populares en contra de las dinastías fundadoras[1] y que exigen la dimisión de la primera ministra Sheikh Hasina (20 años en el poder), que son fuertemente reprimidas por la policía, causando más de 400 muertos y miles de heridos, detenidos y desaparecidos[2]. Frente a esta reacción, la ex primera ministra huye del país con destino a Londres. Las FFAA asumen el control del país, hasta que se forme un gobierno interino y se supere el ambiente de incertidumbre política social e interétnica que se vive en el país. En ese estado de cosas, los movimientos sociales, en especial el movimiento estudiantil, y ciertas ONG proponen que el economista Yunus encabece el gobierno provisional para que asuma el reto, dada su amplia trayectoria de vinculación con la economía popular, de crear las condiciones, en el menor tiempo posible, para “limpiar un sistema político podrido”[3], enfrentar la crisis económica, recuperar la socavada institucionalidad pública, y, poner un freno a la violencia interétnica que se ha generado entre la mayoría musulmana y la minoría hinduista, antes de convocar a nuevas elecciones que podrían, eventualmente, convertirlo en gobernante legal y legítimamente elegido.
Con Yunus se abren perspectivas que van a tener un alto impacto en la geopolítica local, una, por las tensas relaciones históricas con la vecina India, otra, por la influencia de China que podría solventar importantes apoyos financieros para enfrentar la crisis económica de este país, una tercera por la presencia de Rusia, y en definitiva de los BRICS, que pondrían en alerta a las potencias occidentales: Unión Europea, EEUU y Japón que también tienen fuertes intereses en esa región del mundo, el FMI, por ejemplo, otorgó un préstamo a Bangladesh de 4700 millones de dólares para estabilizar su balanza de pagos[4]. Esta situación tan complicada, pone a prueba el liderazgo de Yunus que está obligado a construir un programa mínimo de transición y hacer acopio del mayor respaldo popular que pueda, para tomar las decisiones más ajustadas a la realidad que vive su país. Deberíamos estar pendientes del curso de acción que adopte este personaje, toda vez que, además de lo ya dicho, posee un fuerte reconocimiento como precursor de un conjunto de reformas de carácter estructural, orientadas a dotar de “rostro humano” al capitalismo salvaje, que han sido acogidas y continuadas por muchos economistas contemporáneos.
Referencias bibliográficas
Yunus, Muhammad (2006). ¿Es posible acabar con la pobreza? Editorial Complutense, S.A. – ISBN 9788474918021
[1] Las dinastías fundadoras en Bangladesh son aquellos destacamentos de veteranos que lucharon en la insurrección de 1971, que liberó al país de su pertenencia a Pakistán (nota de autor)
[2] https://elpais.com/internacional/2024-08-05/html
[3] https://www.infobae.com/economist/2024/08/08/bangladesh-
[4] https://www.imf.org/es/Blogs/Articles/2018/03/22/managing-debt-vulnerabilities-in-low-income-and-developing-countries
