Bayardo Tobar
El título refleja la visión de los liberales clásicos quienes argumentan que el capitalismo es la respuesta a los desafíos que la humanidad ha enfrentado durante siglos.
Johan Norberg, en una entrevista con El País, promueve esta idea en su obra «El Manifiesto Capitalista», un juego de palabras que remite al «Manifiesto Comunista» de Marx y Engels. Norberg señala que el capitalismo ha sido fundamental en la reducción de problemas como la mortalidad infantil y la malnutrición: “En las últimas décadas -afirma-, hemos disminuido la pobreza, la mortalidad y el hambre más que en cualquier otro momento de la historia.”
Según Norberg, el éxito en la reducción de la pobreza se debe al crecimiento económico generado por la innovación, la libertad económica y la globalización. Atribuye este progreso a la revolución industrial que empezó hace 150 años y a la globalización de las últimas tres décadas, marcadas por una significativa disminución de la pobreza y un notable incremento de la riqueza.
Sin embargo, la realidad es más compleja. No podemos ignorar que aún hay 900 millones de personas viviendo en extrema pobreza, sobreviviendo con menos de tres dólares diarios. Este hecho es aún más alarmante considerando que hay suficiente alimento para alimentar a toda la humanidad. Ha disminuido la pobreza pero la brecha que separa a ricos y pobres es hoy 40 veces más grande que hace 50 años.
La riqueza se ha incrementado pero también su concentración en pocas manos. Con razón, la periodista mexicana Marcela Turati sugiere que debemos enfocarnos más en los superricos, cuyas fortunas podrían ayudar a mitigar problemas globales si se implementaran impuestos progresivos adecuados. Gabriel Zucmann, Director del Observatorio Fiscal Europeo, sugiere que imponer un impuesto del 2% a la riqueza de los más ricos, 3.000 personas con trece billones de dólares de patrimonio, generaría ingresos fiscales significativos, que podrían utilizarse para combatir el cambio climático y la pobreza.
El crecimiento económico, el libre comercio y la globalización también han tenido otras consecuencias negativas, como el agotamiento de recursos naturales, el calentamiento global y el aumento de pandemias y migraciones masivas. Estos problemas están exacerbando la xenofobia y debilitando la cohesión social, lo que a su vez está degradando la democracia liberal y dando lugar al resurgimiento de regímenes autoritarios.
La situación actual del mundo refleja la tendencia descrita por Marshall Berman, filósofo marxista y escritor estadounidense de origen judío, quien observó que ser modernos implica enfrentarse tanto a las promesas como a las amenazas de la destrucción de lo establecido. “Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos” .
Esta visión crítica del capitalismo y sus complejidades subraya la necesidad de un enfoque equilibrado que reconozca tanto sus beneficios como sus costos. La pregunta sigue siendo si podemos resignarnos a este sistema para enfrentar los desafíos futuros sin sacrificar la equidad y la sostenibilidad.
